Jose luis abascal

Reflexiones de un escritor sobre esa cruel amante, la LITERATURA

¿Un método para escribir?

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Al calor de un buen gin-tonic, charlaba el otro día con un amigo sobre temas literarios. Es un buen lector y, de hecho, en varias ocasiones ha leído mis obras antes de ponerlas en circulación.
Me confesó que lleva un tiempo escribiendo una historia, de la que me hizo una breve sinopsis. Le felicité por la originalidad del planteamiento y lo interesante que sonaba. Comentamos algunos detalles y me sentí trasladado a aquellas tertulias literarias de las que todos hemos oído hablar, pero que la gran mayoría no hemos visto más que en películas de época.
Metidos en la conversación me hizo una pregunta fundamental: ¿cuál es el método que hay que seguir para escribir? Puede parecer paradójico que, tras más de cien folios escritos, me haga ahora esa pregunta, pero, si lo pensamos bien, tiene todo el sentido del mundo. Ahora, cuando ve que su relato va tomando forma y creciendo, es cuando cree de verdad en la posibilidad de que se convierta en una novela y le asalta la duda de cómo afrontar el reto.
Lo primero que le dije es que desechara esa imagen de escritor de película que se levanta una obra maestra de un tirón, dándole a la techa día y noche. Esa idea es muy romántica, pero no suele corresponderse con la realidad. Italo Calvino decía que sólo, tras muchos años de escribir, había conseguido que algunas cosas le salieran a la primera.
A continuación le comenté que no hay un método estandarizado. Cada escritor tiene el suyo, si bien, lógicamente, hay ciertos parámetros habituales. Para explicarle mejor el asunto, le indiqué que hay que empezar distinguiendo dos cuestiones: una cosa es la historia y otra cómo la cuentas. Grandes historias han caído en el olvido por no estar bien contadas; y, a la inversa, historias mediocres, de las que te olvidas con facilidad cuando las has terminado, se han convertido en libros de éxito por lo bien construidas o relatadas que están. Por ejemplo (y aquí me voy a convertir en un blasfemo), García Márquez atesora el gran talento de ser capaz de contarte una historia que, a priori, no parece interesante, con tal belleza que “te bebes las páginas” hasta llegar al final.
Sentado este principio, le expliqué que mi método consistía en escribir primero la historia sin preocuparme demasiado de los aspectos formales. Lo importante es que los personajes se muestren, me cuenten sus vicisitudes, yo consiga comprenderlos y sepa a dónde van. Este proceso, que para mí es el más placentero, no suele llevarme mucho tiempo. Siempre que pueda darle continuidad a la escritura, en uno o dos meses puedo “despachar” la historia.
Alguien pensará: Bueno, pues ya está escrito el libro. Y la respuesta, al menos en mi caso, es rotundamente negativa. Al contrario. Ahí es donde hay que empezar a escribir. Suponiendo que la estructura que había previsto para la historia sea idónea y no me obligue a empezar de nuevo, en la primera revisión complemento la documentación y la información que quiero proporcionar al lector, procurando cerciorarme de que el personaje no cambia de nombre, de color de ojos o de registro, que cuadren las fechas, los lugares, la ambientación o cualquier otro detalle. Ahora puedo contar una anécdota ocurrida con “La cara oculta de la luna”. Después de que decenas de personas la hubieran leído, una amiga (Teresa), me hizo reparar en que, en una escena, entraba un personaje y salía su hermano. Ni yo ni nadie nos habíamos dado cuenta del gazapo.
Una vez concluida esta fase, paso a “redondear” las escenas, procurando que la mayoría de ellas tengan su propia intriga y tensión. Esto lleva a modificarlas, cambiarlas de ubicación e, incluso, suprimirlas, lo que, a su vez, obliga a recomponer el texto para que no se quede cojo o se vaya por caminos distintos a los previstos. Es trabajo de relojero.
Cuando ya se ha ordenado la historia y se ha procurado que el lector pueda mantener la curiosidad y el interés durante la lectura, entonces toca ocuparse de la prosa. Para ello utilizo el método del maestro Flaubert, consistente en leer en voz alta cada párrafo para escuchar su sonoridad y evitar tropiezos o repeticiones. Es una labor lenta y tediosa en grado sumo (a veces, puedes estar una tarde entera con una página) pero necesaria para la composición.
Finalmente, una vez que he revisado todo lo anterior, meto la obra en un cajón y me olvido de ella durante meses. Entretanto escribo otras cosas. Al cabo de un tiempo, la rescato y la leo con los ojos de un lector. Si la obra me entretiene, si me pide seguir leyendo, si me convence, entonces puedo sacarla a la luz. Si no es así, como le pasó a la segunda versión de “La cara oculta de la luna” o a la primera de “La espera”, vuelven al cajón hasta que tenga ganas de reescribirlas desde el principio.
Así que, desde la primera idea hasta la decisión de publicar, pueden pasar años.
Como terminé diciendo a mi amigo, este es mi método y cada uno es libre de utilizar el que le parezca más conveniente.

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4 Comentarios

  1. Si bien no hay un método que sirva para todos, sí que hay cierta organización que es conveniente llevar mientras escribimos. Se parece mucho a la utilizas tu para escribir y lo tengo paso a paso en mi blog (http://escrilia.wordpress.com/el-resumen/)
    También tengo una fórmula a cuyo autor, Lester Dent, parecía darle muy buenos resultados (http://goo.gl/k0zaQ). Si su amigo quiere, también hay otros artículos sobre escritura que quizás le puedan servir. Un gusto pasar por aquí y leerte. Saludos.

    • Gracias por tu comentario. Sin duda le será de utilidad a mi amigo y a otros lectores que quieran iniciarse en la aventura literaria. Saludos.

  2. Uf ! José Luis, no quiero ni imaginar el proceso de escribir una novela. Yo escribo editoriales para un diario de mi ciudad de alrededor de 1.100 palabras y tardo tres días. Realmente que proceso, wouwwww, Son ustedes muy virtuosos. Imaginate a Dostoiesky escribiendo y reescribiendo Crimen y castigo !!!!!!! No puedo imaginarlo !

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