Jose luis abascal

Reflexiones de un escritor sobre esa cruel amante, la LITERATURA

Sobre la obra “Los crímenes de un escritor imperfecto”.

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El miércoles pasado terminé de leer la novela mencionada en el encabezado, formando parte de un grupo de lectura conjunta. El autor es Mikkel Birkegaard y, a primera vista, podría encuadrarse dentro del movimiento de novela negra escandinavo, tan de moda en los últimos años.
La trama versa sobre un escritor de novelas de intriga y terror que se ve envuelto en una extraña situación. Alguien copia los crímenes que él relata en sus libros, asesinando a las personas que los inspiraron. Por temor a que la policía lo involucre, decide afrontar él solo la investigación para descubrir al asesino, lo que conducirá a un final sorprendente y macabro. Hasta aquí lo que puedo comentar sobre la trama sin impedir que un futuro lector descubra la historia por sí mismo.
Como decía, a simple vista podría ser un título más de un género, el denominado de novela negra, que siempre estuvo ahí, pero que ha reaparecido con una fuerza inusitada en los últimos años. Pero Birkegaard, una vez que nos demuestra que domina la técnica, quiere innovar en el género y termina haciendo un “colage” entre novela detectivesca y de terror, que puede no satisfacer del todo a los seguidores puristas de cada una de estas temáticas. Esta peculiaridad es de agradecer. El autor arriesga explorando caminos poco transitados.
Aunque de menor originalidad, también resulta atractivo que el investigador sea el propio escritor. Estamos acostumbrados a que ese papel lo desempeñen policías, detectives privados, periodistas e incluso abogados (sobre todo, en Estados Unidos); pero que sea el propio escritor es menos frecuente, entre otras cosas, porque se supone que debe permanecer al margen de los hechos, sin implicarse a la hora de relatar la historia, adoptando el papel de cronista más que de autor. Este es el caso, por ejemplo, de Truman Capote en “A sangre fría”, primera en su estilo.
Pero, a mi juicio, la obra va más allá. No he leído otras del mismo autor, por lo que ignoro si su intención, consciente o inconsciente, es criticar precisamente a los autores que se limitan a “fabricar” libros para satisfacer a sus lectores, sin ninguna pretensión literaria; y, de paso, a los consumidores de esa literatura fácil, nada exigente ni comprometida, que sólo busca entretener y proporcionar emociones que conectan con los instintos más básicos. Quiero creer que es así y que el giro de la historia en su desenlace vendría a ratificar la condena de Birkegaard a este tipo de literatura.
En cuanto a la técnica narrativa, emplea una apertura “in media res”, para, mientras nos conduce al desenlace, contarnos todos los antecedentes que nos permitan comprender la situación; para ello, como es lógico, intercala las regresiones (o flash back) con el avance de la trama. Es habitual emplear este método. Pocos son ya los casos de relatos cronológicos. El autor administra bien la historia para que los tiempos converjan en el momento adecuado y caminen juntos al desenlace.
Con este esquema afronta el relato desde el punto de vista del propio escritor, es decir, en primera persona, lo que le da mayor verosimilitud, sorteando con éxito la dificultad del final que nos propone.
El ritmo es bueno en general. Sobre todo en la primera parte; intercala tramas a corto para que el lector no decaiga, pero en la segunda parte, cuando ya está centrado, a veces lo ralentiza en exceso mediante aburridas descripciones del ambiente, que sólo sirven para rellenar, pero no para aumentar la tensión narrativa.
En el tono falla también en momentos clave. Resulta melodramático en ciertas reacciones del protagonista, que desconciertan al lector. Por otra parte, le faltan algunas gotas de humor que permitan, en momentos puntuales, rebajar un poco el tono de tragedia griega del que está impregnado el texto.
Los personajes son correctos. Sin más. Es cierto que el autor no parece buscar la empatía del lector con el protagonista, lo que es de agradecer, pero resultan poco atractivos, repetitivos en sus conductas, previsibles y, a veces, desconcertantes por lo exagerado de sus reacciones.
La ambientación no aporta nada. Salvo que uno viva en Dinamarca, que es donde se desarrolla la acción, o se detenga a recrearse en ellos, el lector no logra “ver” los escenarios. Es lo esperado en un relato de este género, donde todo debe estar al servicio de la intriga.
La prosa es correcta, eficaz y actual. Cumple bien su papel y encaja con el relato y los personajes. En algunos momentos resulta excelente, sin abusar del lenguaje literario. Una frase me gustó especialmente. En un diálogo entre el protagonista y su ex-mujer, refiriéndose a las palabras de ellas, dice que las soltaba “como pequeñas granadas de mano envueltas en algodón”.
Una advertencia: no es libro para almas sensibles. Es duro y en algunos momentos puede llegar a repugnar, porque el autor no se guarda nada, lo muestra todo y con pleno lujo de detalles. No complacerá a quienes gustan de historias amables. Pero no debemos olvidar que la función de la literatura como arte no es complacer al lector, sino exponerle otras realidades, otras formas de entender la vida, otras experiencias, aunque no le gusten, para así enfrentarlo a la realidad de un mundo complejo. El lector puede así conocer y entender, aunque no llegue a comprender por la distancia que media entre los personajes y su propia personalidad.
En conclusión: aunque haya un cierto desequilibrio – la historia está por encima de la narración – , recomiendo su lectura. Sobre todo por su fondo: cómo la obsesión del escritor puede conducirle al mayor de los sufrimientos.

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2 Comentarios

  1. Jose Luis, me encantó tu reseña, diciendo tanto, sin descubrir la trama, realmente creo que eres muy buen reseñista. Yo, por mi parte no recomendaría la lectura de este libro, por lo demás acuerdo en lineas generales con tu visión y te agradezco que nos ayudes a ver más allá de lo escrito. Saludos.

    • Gracias, Laura, por tu comentario. No es fácil recomendar esta obra, pero lo hago porque pienso que permite reflexionar sobre la obsesión que puede atrapar a un escritor hasta lo más deleznable. Saludos.

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