Jose luis abascal

Reflexiones de un escritor sobre esa cruel amante, la LITERATURA

¿Quién me cuenta la historia?

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Uno de los aspectos esenciales de una novela es lo que técnicamente se denomina “el punto de vista”. Habitualmente, el lector no suele reparar de forma consciente en ello, aceptando de buen grado la figura de un narrador, presente o disimulado, que es quien le cuenta la historia.
La forma más común de relatar es la que se denomina “un tercero omnisciente”, es decir, un narrador oculto que lo sabe todo sobre los personajes: lo que hacen, lo que piensan, lo que sienten, como si fuera un dios que tiene acceso a lo más recóndito de cada individuo. Es cómoda para el escritor, al que permite exponer todo lo que le interesa para el buen desarrollo del texto; y también para el lector, que no tiene que realizar ningún esfuerzo para complementar el discurso.
La evolución del arte literario trajo consigo el concepto de “espacio del lector”, que no es otra cosa que permitir que éste último participe en la creación del relato aportando, con su imaginación, aspectos de la obra como la fisonomía de los personajes, los ambientes en los que se desarrollan las escenas e, incluso, acciones que el autor insinúa pero no revela (elipsis). Un maestro de esta forma de escribir es Hemingway, quien se limita a recoger lo esencial de la narración, dejando al lector un gran espacio.
Otra forma de contar es en primera persona. El narrador, presente en los acontecimientos que se relatan, nos revela lo que ocurre a su alrededor, pero también sus pensamientos y sentimientos al respecto. Alguien dijo que esta forma de escribir es la más verosímil de las mentiras. Tiene la limitación de que el narrador no puede entrar a descifrar lo que ocurre en el interior de otros personajes.
En pocas ocasiones se utiliza la segunda persona. El narrador se dirige al personaje para expresarle lo que piensa. En “La fiesta del chivo”, de Vargas Llosa, el autor utiliza esta fórmula en algunos pasajes para hablar con la protagonista.
En “La muerte de Artemio Cruz”, Carlos Fuentes emplea todas las formas. Partes del relato son contadas por un tercero, en otras es el narrador quien se dirige al personaje y, finalmente, las hay relatadas por el protagonista en primera persona. Exige del lector un cambio continuo de planteamiento que resulta muy interesante.
En mi estilo literario busco contar la historia de forma objetiva (lo que denomino un testigo-cámara). A modo de crónica, muestro los hechos sin opiniones y sin adjetivos, huyo del maniqueísmo y no me posiciono ni califico los acontecimientos para no manipular al lector y permitir que éste, por la fuerza de las acciones, complemente el texto con sus propios sentimientos. Es una forma complicada de escribir, que puede resultar fría y exigente para el lector, pero que me parece la más honesta.
Como vemos, hay una pluralidad de formas de contar una historia.
Y tú, ¿cuál prefieres?

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2 Comentarios

  1. Hola Jose Luis ! La verdad que yo prefiero las novelas en las que un tercero me cuenta la historia, como tu describes. También algunas en primera persona. En este momento estoy leyendo una novela llamada Camara Gesell, de un autor argentino Guillermo Saccomano, que emplea distintas personas y la verdad que no me gusta el estilo. Saludos

    • Hola Laura, gracias por tu comentario. La narración en tercera persona es a la que estamos más habituados y la que parece más natural. Alguien (se sobreentiende que el escritor), nos cuenta una historia y nosotros así lo aceptamos. En lo que debe ser escrupuloso el autor es en no sobrepasar los límites de lo que sería lógico, es decir, ni él ni nadie puede saber todo lo que piensan o sienten los personajes, aunque fueran reales y él mismo los hubiera conocido en las circunstancias que relata. Cualquier fórmula distinta de la tercera persona y, en especial, los textos con diversas voces (también llamados corales) tienen que estar justificados y no ser un mero alarde del escritor, porque en tal caso no aportan nada el lector, que es el verdadero destinatario de la obra. Saludos.

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