Jose luis abascal

Reflexiones de un escritor sobre esa cruel amante, la LITERATURA

¿Para qué escribir?

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En días pasados, la empresa de servicios literarios “Mundo palabras”, citaba en facebook una frase de Ramón Rocha Monroy, que literalmente decía: “Se escribe para uno mismo y para sus amigos, ¡no para la posteridad! Las obras maestras no se cometen adrede.” Estuve tentado de compartirlo en mi muro, pero me pareció que el tema exigía una mayor reflexión y análisis que lo que un simple comentario me permitía.
El asunto conecta directamente con la raíz de las motivaciones de un escritor. ¿Para qué se escribe? ¿Cuál es la finalidad que persigue una persona que se sienta a escribir?
Las respuestas pueden ser muchas. Tantas como escritores hayan existido, existan o puedan existir en el futuro, y dependerá también del momento de su carrera literaria en que se formule la pregunta. Suponiendo que el escritor se plantee conscientemente esta pregunta, no estoy seguro que pueda darse una sola respuesta. Las motivaciones pueden ser varias y concurrentes: verter en un papel lo que desborda la imaginación del autor, vencer a la soledad, buscar la notoriedad pública, sentir que la vida aún tiene algo que ofrecerle y, por qué no, la posibilidad de conseguir ingresos, entre otras.
Habría que preguntar a cada escritor cuáles son sus motivos. Yo sólo puedo intentar averiguar los míos.
En mi caso, comencé a escribir por la pasión que he sentido siempre hacia la literatura. Han sido tantos y tan buenos momentos los que la lectura me ha proporcionado que no pude vencer la tentación de intentar participar del fascinante mundo literario. Ese fue el origen.
Con mi primera novela comprobé que era capaz de elaborar una obra. Reto conseguido. Podría haberme detenido ahí, satisfecho de “mi hazaña”, pero en mi cabeza se acumulaban otras historias a las que también quería dar vida. Así que me embarqué en una segunda novela y después en otras más, hasta sumar cuatro y algunos relatos cortos. Otro reto conseguido. Pero aún no se han agotado las ideas ni el deseo de transformarlas en textos literarios, por lo que la motivación sigue vigente.
Cada obra exige, además, buscar la forma adecuada de plasmarla: estructura, tramas, personajes, punto de vista, prosa… no se trata de reproducir una fórmula, sino de encontrar la manera idónea de contar cada una de ellas. Es un reto permanente.
Pero con ello no se ha visto colmada mi vocación. La tentación de haber alcanzado el objetivo de escribir para mí y para mis amigos se oponía a la de publicar las obras para compartirlas con los lectores y recibir sus opiniones, tanto positivas como negativas. Así es como decidí publicar “La cara oculta de la luna”. La aceptación generada por la novela me lleva a considerar el reto como conseguido.
Hasta el momento no puedo alardear de haber alcanzado una mínima compensación económica para el tiempo y el esfuerzo empleados. Pero, como esta cuestión no formaba ni forma parte de mis motivaciones, no siento ninguna frustración. Que no parezca que la desdeño (la fábula de la zorra y las uvas), pero es tan secundaria para mí que prefiero escribir lo que me gusta a buscar el éxito comercial.
Por el contrario, la ilusión de que una de mis obras merezca el reconocimiento y que mi nombre pueda formar parte de la galería de autores importantes no se ha desvanecido. ¿Pura vanidad? Posiblemente. Sé que es un reto mayúsculo, tal vez muy por encima de mis posibilidades, pero de sueños también se vive. No escribo con la vista puesta en ello, pero sí lo hago con la intención de que, al menos, mis obras tengan la calidad suficiente para que, en algún momento, este milagro pueda producirse.
Así que, volviendo a la frase que justifica este artículo, yo no escribo pensando en la posteridad, pero tampoco me basta con hacerlo para mí mismo y mis piadosos amigos. Escribo para crear obras de arte que merezcan el reconocimiento ajeno, para proporcionar momentos de satisfacción a mis lectores y, tal vez, sólo tal vez, para que mi paso por este mundo sirva para hacer un poco más grande la literatura.
Y en eso estamos.

Como siempre, quisiera conocer tu opinión: ¿qué te impulsaría a escribir?

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2 Comentarios

  1. Empiezo por el final; yo no sé escribir, pero la gente que lo hace me imagino que como primera regla lo hará porque le gusta y sabe plasmar las ideas que fluyen en sus pensamientos.

    Después de esto, una vez haya escrito algo querrá darlo a conocer y me imagino que cuanta más gente pueda leerlo mejor se sentirá su autor.

    En los tiempos venideros se verá si esa obra fue buena para tenerla siempre presente como obras tan inmortales como muchas hay.

    En concursos y demás veo que obtienen premios muchas novelas que según mi criterio no llega a la suelas de otras, no sé como califican en esos certamen pero creo que se equivocan.

    Como lector pienso que escribir, para uno mismo o sus amigos lo vería como algo egoísta.

    Me gusta leerte, gracias…

    Un abrazo.-

    • Gracias, Juan Antonio, por tu comentario y especialmente por leer lo que escribo. Con ello se cumple la finalidad de este blog, que no es otra que compartir ideas e inquietudes entre los que amamos la literatura. Voy a seguir tu metodología y contestarte del final al principio.
      Me gusta el enfoque que le das al asunto cuando dices que te parecería egoísta que el escritor guardase sus obras para sí y un reducido círculo; nunca se me había ocurrido verlo de esa manera, pero tienes razón. En el fondo, las obras se escriben para ser compartidas con los lectores, no solo para el placer particular del autor y, por tanto, no publicarlas es un acto de egoísmo.
      Respecto a los concursos, salvo algunas (pocas) excepciones, son un vehículo comercial de las editoriales para promover y destacar a autores de «la casa» con los que saben que ganarán dinero. Y lo entiendo. Son empresas, no mecenas. Arriesgan su dinero para ganar más dinero, como en cualquier actividad empresarial. Tal vez lo reprobable es que hayan renunciado a promover literatura de calidad y sólo atiendan al negocio, descuidando el aspecto cultural de la lectura, que para mí es esencial. Pienso que se equivocan a medio y largo plazo, porque para entretenerse hay otras ofertas más atractivas: el cine, los videojuegos, etc. Puede que en diez o quince años la actividad editorial quede reducida a cenizas.
      Luego están los concursos «públicos», es decir, los que promueven los entes públicos (ayuntamientos, diputaciones, etc.) donde prima mucho la sintonía política del escritor con los que mandan.
      Creo que el sueño de cualquier escritor no profesional es conseguir que a la gente le gusten sus obras. Después, si consigues convertirlo en un oficio, imagino que lo primero pasa a ser que te proporcione los ingresos necesarios para vivir, como en cualquier otro trabajo. Te cuento una anécdota: me invitaron a una comida con uno de los escritores españoles de más éxito, autor de casi un centenar de obras. Para nuestro asombro, confesó que salvo una de sus obras (muy conocida), el resto no valía nada: Pero así se gana la vida. Como te lo cuento.
      Te mando un abrazo.

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