Jose luis abascal

Reflexiones de un escritor sobre esa cruel amante, la LITERATURA

No me cuentes tu vida.

| 4 Comentarios

Vivimos una auténtica eclosión de personajes públicos de todos los pelajes: políticos, deportistas, famosillos, que inundan las librerías con sus biografías y cuyas obras merecen la atención de los medios de comunicación, sin duda por la buena gestión de los departamentos de marketing de sus respectivas editoriales.
No es un fenómeno novedoso, ni mucho menos, pero sí llama la atención la proliferación de estas obras, escritas normalmente por autores que se ganan la vida prestando su pluma a historias de otros, y que, al parecer, deben merecer el beneplácito de los lectores, para satisfacción del bolsillo del personaje en cuestión.
Esta situación me lleva a reflexionar sobre dos cosas: la aparente inclinación de los lectores por temas que reflejan la actualidad y el deterioro de la literatura en su vertiente de creación artística.
Sobre la primera diré que hay dos subgéneros literarios que se apoyan en hechos supuestamente ciertos: la biografía y la llamada novela histórica, que más bien llamaría historia novelada si es que el autor se atiene a los acontecimientos, limitando su participación a contarlos de una forma más atractiva que la propia de un libro doctrinal. Cosa distinta es que se apoye en ciertos datos auténticos para ambientar una novela de ficción.
Tradicionalmente, la biografía atendía a personajes relevantes del devenir humano: grandes políticos, artistas, filósofos, etc., es decir, a individuos que han dejado huella en la sociedad. Lo que ahora se publica mayoritariamente son los acontecimientos vividos por personas de segundo nivel, gente que no pasará a la memoria colectiva de la siguiente generación. Entonces, ¿para qué molestarse en comprarlos y, sobre todo, en leerlos? Esa es la cuestión. Aparte de anécdotas (o chismes) más o menos curiosas que nos puedan referir, lo que la gente seguramente busca es conocer el secreto de su éxito para intentar emularlos en lo posible (ellos mismos o sus hijos) y conseguir fama y dinero. No encuentro otra explicación. El paradigma de lo que expongo lo constituyen las biografías de cantantes, actores o deportistas que “escriben” su biografía con menos de treinta años. Por intensa que haya sido su existencia hasta ese momento, dudo que puedan aportar algo a un lector con una cultura mediana. Pero ahí están y la gente los compra.
Esto nos lleva a la segunda reflexión: el deterioro de la literatura. Estamos hablando de obras circunstanciales, es decir, que sólo tienen encaje en un momento determinado, cuando el personaje tiene visibilidad mediática. En el momento en que pasa de moda, su libro en un estante no sirve más que para ocupar sitio y acumular polvo. Por la propia naturaleza de las cosas, esas “obras” no están llamadas a durar, son simples objetos de consumo inmediato, sin llegar a formar parte de la historia de la literatura.
Pero venden. Eso es lo grave. Cualquiera puede tener la tentación de escribir sus andanzas por este mundo, pero que ocupen un lugar preeminente y abundante en los fondos editoriales nos indica hasta qué punto está prostituida buena parte de la industria editorial, que sólo busca réditos a corto plazo, sin importarles lo más mínimo cuestionar su propio prestigio con tal de conseguir pingües beneficios.
Y tú, ¿qué opinas sobre estas biografías?

Share

4 Comentarios

Deja una respuesta

Campos requeridos marcados con *.