Jose luis abascal

Reflexiones de un escritor sobre esa cruel amante, la LITERATURA

No lo mates.

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Charlaba hace unos días, con mi buena amiga Chelo, acerca de la aparente crueldad de los autores que terminan con la vida de un personaje en una novela.
A todos nos pasa que nos encariñamos con algunos participantes de un relato y sufrimos por las vicisitudes a las que se enfrentan, deseando en todo momento que salgan triunfadores de las mismas y puedan continuar con nosotros.
Partiendo de este principio, parece en efecto una crueldad que termine perdiendo la guerra y con ella su existencia novelesca. Pero, al menos en lo que a mí se refiere, cuando escribo, el primero que sufre su desaparición soy yo, al contemplar, impotente, cómo la narración se come a uno de los míos.
Lo que ocurre es que el narrador no es dueño de las acciones ni de las consecuencias que ellas tengan para los personajes, ni mucho menos de la propia historia que narra. Es un hecho que puede parecer extraño, e incluso extravagante, pero dichos personajes surgen del propio relato y el escritor lo que hace es escucharlos y transcribir su historia para los lectores. El autor se sumerge en un mundo que le es desconocido, al que le conduce su curiosidad, y bucea en él en busca de lo que ahí ocurre, de otra realidad ajena a sí mismo, aunque todo transcurra en el ámbito de su imaginación. Una vez situado en ese contexto, la narración tiene vida propia y el escritor debe ceñirse a ella, sin pretender alterarla ni influir en lo que pueda pasar, ni tan siquiera cuando las consecuencias puedan ser dramáticas. Esto es lo que proporciona coherencia y credibilidad al relato.
Es lo mismo que sienten los documentalistas de escenas de animales en la naturaleza, cuando permanecen impasibles contemplando cómo un depredador se come a una cría de cebra, de gacela o de cualquier otra especie. Al verlas, quisiéramos que interviniese para evitar que eso llegue a ocurrir y no se consume la matanza. Pero su obligación es mostrarnos la crueldad propia de un sistema natural en el que la supervivencia de unos depende de la muerte de otros, que no es sino la realidad de nuestro mundo. Y, por impedir que una criatura muera en un momento dado, no conseguirá nada más que interrumpir momentáneamente el devenir de las cosas.
Estoy seguro que el documentalista también quisiera sentirse héroe y salvar una vida, hecho que todos aplaudiríamos. Pero no es su función. Debe ceñirse a reflejar la realidad, no a buscar la complacencia del público.
Lo mismo le ocurre al escritor. El relato que construye tiene su propia dialéctica. A veces amorosa, a veces cómica, a veces dramática e, incluso, a veces cruel. Si se aparta de la lógica de la historia para complacer al lector, no hace sino alterar lo que pretende contar, aunque no discurra como él mismo quisiera.
Y, creedme, a veces también se llora.

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9 Comentarios

  1. Fantástica entrada, Jose Luis. Es verdad, a veces los personajes campan por sus respetos, y lo que habías pensado para alguno en concreto cambia a medida que escribes, y se transforma en otra cosa completamente distinta. A veces he pensado, y sobre todo he soñado, que los reales son ellos, y que nosotros somos simples escribientes que plasmamos lo que nos dictan utilizando nuestra imaginación. Felicidades, me ha encantado!!

    • Muchas gracias, Félix, por tu comentario y tu felicitación. Coincidimos plenamente en que los personajes y sus historias viven en un mundo paralelo al nuestro, al que accedemos a través de nuestra imaginación, para escucharlos y poder contar sus historias. Somos meros escribidores de sus vicisitudes. Un abrazo.

  2. Buenos días Jose Luis.
    El documentalista observa la naturaleza como el periodista nos tiene que enseñar la vida real. Ambas a veces son crueles.
    El escritor me tiene que divertir, hacerme viajar, enamorarme. Esa es la elección de mis lecturas. Veo, vivo bastante crueldades en la vida diaria como para escoger una prolongación en mis ratos libres.
    Respecto cualquier tipo de literatura pero he llegado a una edad a la que se cual me sirve de “somnífero para dormir”.
    Un abrazo. Feliz fin de semana!

    • Muchas gracias, querida Françoise, por tu comentario. Haces muy bien en elegir las lecturas en función de tu estado de ánimo y tu apetencia. Debe ser un placer, no una tortura. Te mando un fuerte abrazo y que disfrutes de tu fin de semana.

  3. Pues yo creo que a veces los personajes también os atrapan a vosotros los que escribís,que en algún momento se os rebelan y os hace cambiar la historia de lo que teníais en mente haciendo os observar desde la distancia una trama en la cual no habíais pensado y que rompe vuestros esquemas.¿puede pasar?
    Seríais en este caso también como los leones que observan que quedara de la presa que ellos también habían codiciado……

    Felicidades por tus entradas.

  4. Opino qué de eso se trata.Dentro de las personales reglas,estructuras qué cada uno de los qué escribís observáis,el propio relato en sí, aún ya perfilado y hecho mentalmente, ha de llevaros en numerosas ocasiones a desenlaces no pensados en un primer momento, tanto en la historia como en el devenir de los personajes. Creo además qué debe ser así a la hora de enfrentarse con una hoja en blanco.Lo previsible no debería de existir.Eso creo qué hace grande a quienes escriben.A los lectores nos aporta la emoción,la sorpresa de lo inesperado en la evolución de la historia y en el transcurrir de los personajes.Es una opinión personal,al leer cualquier historia nada,nunca,nadie debería ser “previsible”.
    Enhorabuena por la entrada!

    • Muchas gracias, Ana, por tu comentario y tu felicitación. Me alegro que te haya gustado. Como bien dices, por mucho que uno haya imaginado la historia y a los personajes de una manera, a la hora de escribir el relato, estos adquieren su propia dimensión, consiguiendo sorprender a todos, entre ellos, al propio autor, que tiene que ir a remolque de lo que la historia impone. Esa espontaneidad es la que da frescura el relato y la hace atractiva para los lectores. Un abrazo.

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