Jose luis abascal

Reflexiones de un escritor sobre esa cruel amante, la LITERATURA

Los límites de la novela.

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Hablábamos en el artículo anterior de las tramas y los temas en cuentos y novelas, lo que denomino el corazón de los relatos, por ser los que explican y justifican que dediquemos unas horas de nuestras vidas a conocer su contenido.
Resumíamos esta experiencia en dos palabras: placer y conocimiento, que se transforman en comprensión hacia los demás y en una mayor cultura, entendida ésta como el descubrimiento de distintas formas en que los seres humanos afrontamos situaciones y necesidades para convertirlas en acervo común.
Ahora bien, podemos preguntarnos si cualquier texto que nos produzca placer y conocimiento puede o debe ser considerado una novela y aquí pretendo hoy, nada más y nada menos, que poner puertas al campo, al intentar definir qué es o puede ser una novela, diferenciándola de otros géneros literarios.
Para ello siempre es bueno acudir a la definición que realiza el diccionario de la Real Academia Española. Dice del término “novela”:
Obra literaria en prosa en la que se narra una acción fingida en todo o en parte, y cuyo fin es causar placer estético a los lectores con la descripción o pintura de sucesos o lances interesantes, de caracteres, de pasiones y de costumbres.
A la luz de esta definición, está claro que la frontera entre novela y otros géneros radicará en la veracidad de los hechos relatados. Ello nos permite descartar a todos los textos que, aunque empleen técnica novelesca para exponer su contenido mediante la configuración de tramas, no pretenden en realidad sino recoger un conocimiento o una opinión. Lo veremos más claramente en algunos ejemplos:
Las hormigas, de Bernard Werber, es un ensayo divulgativo sobre la vida de las hormigas (muy recomendable, por cierto), aunque lo disfrace como novela.
El mundo de Sofia, de Gaarder, era, como él mismo reconoció, una manera de que su hija entendiese la filosofía.
• Novelas de mis admirados Orwell (1984 y Rebelión en la granja) y Huxley (Un mundo feliz o La isla), son herramientas para exponer una crítica política en el primer caso o propuestas de organización social con base científica, en el segundo.
En todos estos casos, la construcción del relato está condicionada por estos objetivos. Lo mismo cabe decir de otras muchas “novelas”, tanto de naturaleza histórica, biográfica, como de otra índole, en las que la estructura de novela se pone al servicio de la información o de la opinión para que el texto sea más digerible para el lector.
El hecho de que la esencia de la novela radique en la ficción no supone la imposibilidad de que aparezcan personajes o situaciones tomados de la realidad. La sutil diferencia está en el propósito. ¿Se trata de imaginar o de comunicar? He ahí la cuestión.
En consecuencia, la verdadera novela tiene que ser hija de la fantasía para pertenecer a esa familia llamada “ficción”, sin perjuicio de que deba resultar verosímil para el lector, incluso en los casos en que el autor le proponga un contexto irreal (de ahí la revolución que supuso Metamorfosis, de Kafka).
Confío en que esta exposición haya sido de tu interés y quedo a la espera de tus comentarios.

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2 Comentarios

  1. Querido Jose Luis: Coincido con tus acertados comentarios,quizás mi pequeña observación,consiste en que definir novela de otros géneros literarios no es fácil,donde esta esa linea que separa la ficción a la realidad o al revés,por desgracia o por suerte ,toda obra real o ficticia es siempre una interpretación de algo y como tal esta condicionada por su autor,con lo cual siempre conservamos un elemento de fantasía y los ejemplos en la literatura son enormes,hasta en libros denominados de no ficción,lo que nos lleva a que la novela abarca todos los géneros y lo que no es novela es cuento,que mas novela que los libros de texto sobre historia,donde se mezcla ,verdad a medias,intriga,ficción,fantasía y una inventiva mas allá de toda supuesta objetividad y nos lo venden como un documento de la realidad histórica de un país,de ahí que la literatura en todos sus ámbitos es una gran novela encuentro mas verdad en la fantasía de Gabriel García Marquez que en muchos ensayos de historia.y a fin de cuentas el escribe novelas.

    • Gracias, querido Alejandro, por tu comentario. El propósito del artículo no es otro que intentar fijar de una forma doctrinal lo que debe y no debe considerarse una novela propiamente. En este intento de definición hay que establecer un punto de referencia y ese está en la ficción como esencia o núcleo del relato, lo que no impide, ni mucho menos, apoyarse en la realidad para ambientar el texto. La novela como tal debe ser una creación artística, cuya intención no es otra que dar vida a una situación ficticia, primero en la fantasía del autor y después en la del lector. Esto es lo que la convierte en un hecho maravilloso, en una forma de soñar juntos, engrandeciendo el imaginario colectivo, siempre indispensable para la supervivencia. Como digo en el artículo, la sutil diferencia está en la intención. Umberto Eco en “el péndulo de Foucault” nos da una lección magistral de la historia de los templarios y su entronque con los rosacruces y masones, pero su intención no es realizar un ensayo, sino crear sobre esa teoría una acción que nos atrape y nos haga ser parte del relato. Es decir, su intención es entretenernos y, de paso, enseñarnos, lo que engrandece a una novela, pero no al revés. Si fuera al contrario, si se trata de enseñarnos de una forma entretenida, ya no será una novela. La frontera entre una y otra radica, según digo en el artículo, en la intención del autor. Como ya he dicho en otras oportunidades, la novela histórica debería llamarse historia novelada, por cuando utiliza la técnica novelesca sólo para narrar, pero sin ánimo (al menos confeso), de trastocar los hechos para modificar la verdadera historia. Que luego, como bien dices, haya quien pervierta la realidad histórica para ponerla al servicio de sus intereses, normalmente políticos, es otro tema. Un abrazo.

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