Jose luis abascal

Reflexiones de un escritor sobre esa cruel amante, la LITERATURA

La literatura, ¿arte o negocio?

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LA LITERATURA, ¿ARTE O NEGOCIO?

Se atribuye a Miguel de Cervantes la afirmación siguiente: “oficio que no da de comer a su dueño, no vale dos habas”. También se adjudica a Borges la siguiente tesis: “en nuestros tiempos no nos prostituíamos porque no había nadie que nos pagase”. Se refería, obviamente, a la actividad literaria.
García Márquez cuenta en sus memorias el hambre que pasaba por su empeño en ser escritor. Y Kafka descuidaba su salud escribiendo por las noches, porque de día trabajaba de oficinista para poder comer; no publicó ningún libro en vida.
En el extremo opuesto, según un artículo publicado en “El País” (de Uruguay), se encuentran casos como James Patterson, “autor de nada menos que 29 bestsellers en formato e-book y 65 novelas de suspenso,… con ganancias por valor de 91 millones de dólares”. Hay otros profesionales de la escritura que generan también cifras millonarias cada año, según publica Forbes, como Danielle Steel, Dan Brown, Stephen King, Stephenie Meyer, J. K. Rowling, John Grisham y Ken Follet, más alguno que da el pelotazo (alguna, en este caso), como E.L. James, autora de Las cincuenta sombras de Grey, con 95 millones de dólares en ganancias.
Aparte de la lógica envidia que siente uno al ver estas cifras, la conclusión es clara: algo ha debido cambiar en el mundo literario para que, de vivir en la miseria, se haya llegado a la opulencia con el mismo oficio: contar historias.
Entre las razones que pueden explicar este giro podríamos citar la mercantilización de las editoriales (lejos están los tiempos en que el editor era un librero que se enamoraba de una obra y la publicaba a su costa), la proliferación de técnicas de marketing o la internacionalización del mercado. Pero también que el autor busca complacer con historias plagadas de tensión e intriga pero sin fondo, basadas en el maniqueísmo, con finales alegres, prosa simple y composición nada exigente para el lector, en las que se elude buscar nuevos caminos creativos o arriesgar lo más mínimo. En estos casos, el arte literario se sacrifica en aras del éxito masivo y el beneficio económico.
Corresponde a cada escritor elegir una u otra opción: arte o negocio, difícilmente compatibles. Con la primera puede que pase a la historia de la literatura (a veces, post mortem, como Kafka), si es que alguien llega a conocer su obra; con la segunda puede hacerse rico, aunque su gloria sea efímera.
Una anécdota ilustra este comentario. En cierta ocasión Cortázar compró, en la típica librería de estación ferroviaria (creo que era en Barcelona), un libro para leer con su mujer durante el viaje. Cada página que leían, Cortázar la arrancaba para tirarla por la ventanilla. Cuando llegaron a su destino, del libro no quedaba nada.

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