Jose luis abascal

Reflexiones de un escritor sobre esa cruel amante, la LITERATURA

¿Es caro el libro?

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Mi querida amiga Françoise comentó, en la última entrada, que los libros son caros, es decir, que hay una desproporción entre su valor y lo que se nos pide por ellos. Todos tenemos la misma sensación, pero ¿es cierta?

Aquí hay muchas cuestiones en liza; intentaré desgranarlas para que podamos pronunciarnos al respecto, siempre referidas al mercado español, que es del que tengo datos.

Veámoslo primero desde la perspectiva del vendedor.

Por cada euro del precio de un ejemplar, tenemos que el autor se lleva normalmente un 10% (del que paga a su agente, si lo tiene, entre un 10% y un 20%); la editorial (incluyendo sus costes de producción y marketing) puede «morder» entre un 30 y un 40% para cubrir sus costes internos y su beneficio; la distribución, en torno a un 20%; y el vendedor final (el librero) hace suyo el 40% restante, si es una gran superficie, y baja al 30%, si es una pequeña librería. No olvidemos a la Hacienda Pública, que también participa a través del IVA (4%), pero atribuyámoslo a la parte del comerciante minorista. Estas cifras son orientativas, porque dependerá de cada editorial, de su estructura interna, de la inversión que haga en marketing para cada libro y de los acuerdos que tenga con sus proveedores y el librero, pero son cifras comúnmente aceptadas y nos dan una idea bastante aproximada.

Según el comentario de un experto, la tirada media en España de una novela está en tres mil ejemplares. Aunque se refiera a todo el negocio editorial en España, el Instituto Nacional de Estadística (INE) señala que, en el año 2012 (últimas estadísticas que conozco), la tirada media de una obra ascendió a 3.540 ejemplares. Referida sólo a la literatura, la media se situó en el año 2011 en 1.657 ejemplares, según un informe del Observatorio de la lectura y el libro, publicado por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

El negocio es magnífico si las ventas son muy elevadas, superando, pongamos por caso, los cien mil ejemplares; el negocio es muy bueno si se mueve entre los cincuenta y los cien mil ejemplares; el negocio es simplemente bueno, si está entre veinte mil y cincuenta mil ejemplares; el negocio es aceptable si está entre los cinco mil y los veinte mil ejemplares; y el negocio empieza a decaer, pudiendo llegar a ser ruinoso si no se alcanzan los cinco mil ejemplares, salvo que la editorial tenga pocos gastos o tenga muchas obras en catálogo. Hay pequeños editores que hacen tiradas de mil ejemplares y con eso van sobreviviendo. Téngase en cuenta que las novelas tienen un ciclo de subida y bajada, que termina agotándose y que, en la actualidad, esos ciclos son cada vez más cortos. Insisto en que son cifras orientativas, nadie las tome por indiscutibles, porque no lo son.

Según el informe del citado Observatorio de la lectura y del libro de 2012:

A lo largo de los últimos diez años la tirada media ha venido descendiendo de forma continuada hasta alcanzar en 2011 el valor más bajo, una tendencia que se confirma en las diversas estadísticas de forma unánime:

Según recoge el Instituto Nacional de Estadística (INE) en su Estadística de la Producción Editorial. Año 20112, en los últimos años se está produciendo un importante ajuste de mercado que se refleja en un descenso progresivo de la tirada media.

o En 2011 la tirada media descendió un 22,4%, pasando de 1.734 ejemplares por título en 2010 a 1.345 en 2011.

o Solo el 1,9% de los títulos —el 3,7% en 2010— alcanzó tiradas superiores a los 5.000 ejemplares.

o Los mayores descensos en la tirada media se observan en literatura —un 34,1% por debajo de la del año anterior— y en artes plásticas, gráficas y fotografía —un 28,2% menos. La única materia en la que no desciende es en ciencias puras, que muestra un incremento del 7%.

Por su parte, la Federación de Gremios de Editores de España confirma también esta tendencia, arrojando en 2011 una bajada de la tirada media del 10% —de 3.790 a 3.441 ejemplares—. Ajeno a esta caída, el libro de bolsillo experimenta sin embargo un incremento en su tirada media del 22,2%, alcanzando los 6.643 ejemplares por título.

 

Partiendo de esta premisa, como en cualquier negocio, si se baja el precio del producto tendrá que compensarse con el aumento de las ventas. Esto ocurre en mercados donde hay muchos lectores; pero, como se ha visto, no parece que el mercado vaya en esa línea, sino todo lo contrario. Como vemos a continuación, no solamente baja la tirada media, sino también el importe total de la facturación del libro en España, que fue en 2011 inferior a la de 2004.  Veamos qué dice el mencionado informe:

En los tres últimos años el sector está experimentando un importante descenso en su cifra de negocio. La crisis económica y financiera iniciada en 2007 es, tal y como apunta la FGEE, la causa principal de esta bajada. Una crisis cuyos efectos no se hicieron patentes hasta 2009, cuando se registró el primer retroceso (-2,4%), y a la que se sumaron otros factores como la bajada en la venta a bibliotecas, el descenso en la facturación por libros de texto derivado en parte de las políticas de préstamo establecidas por algunas administraciones autonómicas, la afectación de la reprografía ilegal y la piratería digital, o la transformación del modelo de negocio hacia el ámbito digital, en especial en el caso de los diccionarios y enciclopedias.

Tras los primeros efectos de la recesión económica, en 2010 se agudiza el descenso y se alcanza una segunda bajada del 7%. Lejos de recuperarse, en el ejercicio de 2011 vuelve a registrarse un nuevo descenso del 4,1%. Con una facturación que retrocede hasta los 2.772,34 millones de euros y un total de 199,8 millones de ejemplares vendidos, en los últimos cinco años se ha registrado una bajada del 11,2% en términos de ingresos y del 20,3% en el de unidades vendidas.

El libro electrónico o digital elimina muchas de estas partidas: impresión, distribución, comercialización minorista, permitiendo que los precios sean casi al costo. Para que un autor gane lo mismo con un libro digital que con un libro en papel, tiene que venderlo en torno a los tres euros, para descontar lo que suele llevarse la plataforma de venta (en el caso de Amazon, un treinta por ciento si se supera un cierto precio -tres dólares- o el sesenta y cinco por ciento en aquellos que se venden por debajo de los tres dólares o su contravalor en euros: 2,60 euros). Hay que añadir el IVA, que, si la plataforma está situada en el extranjero, es de tan solo un 3%. Esto cambiará a partir del primero de Enero de 2015, en que se tributará conforme al tipo aplicable en el país donde se realiza la compra. El libro en papel tributa al 4% en España, mientras el libro electrónico lo hace al 21%, sin que haya una razón que justifique esta diferencia.

Como en todos los negocios, las grandes estructuras tienen más capacidad para aquilatar sus precios a costa de apretar a sus proveedores y por la economía de escala, que les permite repartir sus costes internos entre más productos a vender. Las editoriales pequeñas tienen la ventaja de tener estructuras mínimas (a veces, sólo el propio editor), externalizando otras funciones, lo que les posibilita sobrevivir con ventas reducidas. Las que peor lo tienen son las editoriales medianas, que sufren lo malo de cada uno de estos modelos de negocio, de ahí que se estén produciendo fusiones y adquisiciones entre editoriales.

Como he analizado en otro artículo (véase, “¿crisis editorial?”) y se ha dicho anteriormente, las ventas en España están cayendo, de ahí que las grandes editoriales apuesten básicamente por productos de consumo mayoritario (el libro de Belén Esteban es el paradigma), en detrimento de la obra de ficción, también llamado libro literario. Este movimiento del mercado hace que los autores no comerciales tengan que desplazarse hacia editoriales pequeñas o que se lancen a la aventura de la auto-edición (en papel o en formato digital), asumiendo los costes y, sobre todo, la promoción del libro, que consume mucho esfuerzo y tiempo, en detrimento de la creación literaria.

Veamos el asunto ahora desde la perspectiva del comprador.

Sin entrar ahora en el famoso “pirateo”, que tiene también su incidencia, y no pequeña, en las cuentas de las editoriales e, incluso, de la auto-edición, suponiendo un precio de veinte euros por ejemplar (el INE lo fija en 2012 en 14,52 euros, pero según un artículo publicado en Editoralia en 2012, el precio medio de una novedad literaria se sitúa en los veinte euros citados), el lector adquiere un producto cuyo consumo le supondrá dedicar (dependiendo del tamaño del libro y de la velocidad de lectura), entre diez y treinta horas. Si tomamos una obra de cuatrocientas páginas y una velocidad de lectura de tres minutos por página tendríamos veinte horas de lectura. Esto significa que el coste “hora/lectura” se sitúa en un euro por hora. Y si echamos estas cuentas sobre el libro en formato digital (uno de cada cuatro libros utiliza este soporte, según el citado Observatorio), cuyo precio medio está en 5,2 euros (datos tomados de un artículo de El País de fecha 25 de enero de 2013), el coste/hora de lectura se sitúa en 0,26 euros por hora.

En cualquiera de los casos, ¿hay algún otro entretenimiento, placer, hobby o como se le quiera calificar que, en condiciones normales, tenga un coste igual o menor? Salvo la televisión o la radio, no se me ocurre ningún otro.

Dependerá lógicamente de la cantidad de libros que una persona adquiera al cabo de un año (según datos oficiales, la media en España se situaba en 7,5 libros por persona/año en 2005, mientras que en 2011 se fijó en 11,1 libros/año), pero, en mi opinión, el problema, más que en el coste de adquisición, radica en la calidad del producto. Si nos resulta lo suficientemente satisfactorio como para que nuestro dinero y nuestro tiempo resulten compensados, no es una actividad cara. Cuestión diferente es que se trate de un lector compulsivo, en cuyo caso seguramente compensará este esfuerzo con el ahorro que le suponga no consumir otros placeres.

Cosa distinta es que los tiempos no están para distraer nuestros recursos, ya bastante acuciados para atender las necesidades básicas.

Y, para quien pueda pagarlo o lo priorice sobre otros requerimientos, cada uno es dueño de su felicidad. Habrá quien disfrute de ese coste con una novela clásica, quien prefiera invertirlo en una novela de puro entretenimiento, quien desee un ensayo o quien quiera enterarse de los chismes que cuenta Belén Esteban. Para gustos, los colores, dice el refrán.

Soy el primero en desear que el precio de los libros baje para estar al alcance de cualquier bolsillo, aunque me temo que, vistos los datos anteriores, no parece muy factible.

Confío en que estas líneas nos permitan debatir sobre este interesante tema. Quedo a la espera de vuestros comentarios.

 

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