Jose luis abascal

Reflexiones de un escritor sobre esa cruel amante, la LITERATURA

El truco de Hemingway.

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Sobre el famoso pánico del escritor a la página en blanco se han escrito muchas cosas. Como todo el mundo sabe, básicamente consiste en la incapacidad de desarrollar la obra que el autor tiene en su cabeza para transformarla en texto y, en consecuencia, susceptible de ser leída por otras personas.

La página es, por tanto, el vehículo por el cual la imaginación del autor se materializa en su afán de ser compartida con los llamados lectores. Si el vehículo no funciona, la obra no llegará a existir. De ahí su importancia.

Muchas pueden ser las razones del repentino divorcio entre el autor y la página. En mi opinión, básicamente pueden señalarse las siguientes:

–          Las ideas no están suficientemente maduras para brotar y convertirse en letra.

–          El autor no es capaz de encontrar “el botón de arranque”, es decir, el momento en el que la escena empieza frente al lector.

–          El escritor no está lo suficientemente concentrado como para poder escuchar a los personajes.

–          Cualquier otra cosa que a uno se le ocurra.

Hablando en primera persona, diré que suelo escribir por las tardes, normalmente entre la hora de la siesta y la hora de cenar, que son dos hitos muy importantes en el devenir diario y cuyo estricto cumplimiento no se puede desatender. Pues bien, en esas horas es cuando me pongo delante de la página en blanco.

Suelo tener ganas, lo cual es importante. Pero arrancar me cuesta. Me distraigo con unas y otras cosas antes de ser capaz de plantar la primera letra. Eso sí, una vez metido en faena, ya no tengo ganas de parar y sólo el sagrado deber de alimentarme es capaz de apartarme de la obra.

Una vez leí el truco que utilizaba el maestro Ernest Hemingway para traspasar la frontera entre el mundo real e imaginario, pero me resistía a emplearlo, simplemente porque me gusta terminar la escena y, a ser posible, el capítulo. Pero he de decir que he claudicado ante el mismo y me arrepiento de no haberlo hecho antes; es fantástico para no perder tiempo delante de la página vacía.

Es tan simple como dejar siempre una frase a medio construir. Yo lo llevo un poco más lejos y lo que hago es escribir el primer párrafo de la siguiente escena. De esa forma aprovecho la inspiración en caliente para, en la próxima jornada, continuar sin dilación.

Pues ya lo sabéis. Para momentos de falta de inspiración (literaria, se entiende), utilizad el truco Hemingway y no tendréis páginas en blanco.

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