Jose luis abascal

Reflexiones de un escritor sobre esa cruel amante, la LITERATURA

El reto del escritor.

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El ser humano, desde sus orígenes, ha necesitado expresarse de forma artística (ahí están, entre otras manifestaciones, las pinturas rupestres) y, de forma especial, contar historias. Hasta la invención de la imprenta, el relato se hacía preponderantemente de forma oral, quedando reservado a las clases dominantes el uso del manuscrito, al ser los únicos que contaban con la formación y los recursos necesarios para escribir.

Con la imprenta nace la capacidad de transmitir nuestras historias a una pluralidad de personas. Entonces surge la figura del editor. El primer editor en sentido moderno es Aldo Manucci, que en el siglo XV introduce las primeras normas tipográficas y gramaticales de la edición, aún vigentes. Sin embargo, la actividad de escribir sigue estando reservada a una élite que pueda disponer del tiempo, la formación y el acceso a la edición. No es sino hasta el siglo XX cuando se consigue que, merced a la alfabetización, la mayor parte de la población tenga la posibilidad de dar salida a su ansia de contar historias, si bien siempre condicionada a encontrar un editor.

Pero no basta con tener ganas de redactar. Es indispensable que el relato disponga de un propósito. Antiguamente contar historias era una forma de proporcionar conocimiento al lector. Los libros de viajes, las novelas costumbristas, los relatos locales, eran una forma de transmitir información sobre lugares y costumbres que el escritor conociese, dando a los demás la oportunidad de llegar a ellos. En aquellos tiempos la mayoría de la gente no tenía posibilidades de viajar. Hoy, afortunadamente, esto está al alcance de mucha gente y la proliferación de los medios de comunicación, con la televisión a la cabeza, nos cuentan historias a cada instante de lo que ocurre en el mundo.

Posteriormente, los relatos constituyeron un cauce para aportar nuestras opiniones y puntos de vista sobre la experiencia de vivir. Una vez más, los medios de comunicación han ocupado esta parcela, a los que se han unido las redes sociales, donde cualquiera puede transmitir sus vivencias y reflexiones. También cabe decir que la literatura con fondo social o político ha decaído en méritos del ensayo.

Surgió con mucha fuerza otra corriente: la ciencia ficción, con la que los escritores especulaban sobre el futuro y el devenir de la humanidad. Nuevamente, este territorio ha sido colonizado por la realidad, en donde las noticias sobre la ciencia y las nuevas tecnologías superan cada día a la imaginación más prodigiosa.

Si la información, el conocimiento, las experiencias, la reflexión y el futuro han encontrado sus propios cauces de expresión, resulta evidente que la novela tiene que centrarse en aportar aquello a lo que las anteriores no llegan o lo hacen de forma muy tangencial, que no es otra cosa que la capacidad de provocar emociones, básicamente a través de la intriga y la tensión.

Aquí hay que señalar que no basta cualquier turbación. Si el escritor se limita a agitar emocionalmente al lector sin aportarle nada intelectualmente, entra en competencia directa con ofertas de ocio más atractivas por inmanentes: el cine, los video-juegos, el fútbol,… ¿Para qué se va a molestar alguien en soportar un libro (o un dispositivo) en las manos y cansar la vista, si las puede tener metidas en un paquete de palomitas o agitándolas de continuo con un mando?

Así que el escritor debe tener presentes estos retos para que su vocación no sea pan para hoy y hambre para mañana. En otro caso, la gente perderá el hábito de leer y la literatura volverá a ser una actividad minoritaria, como fue en sus orígenes. Si no tiene valor añadido, perderá su razón de ser y morirá.

Como siempre, quedo a la espera de tus comentarios.

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