Jose luis abascal

Reflexiones de un escritor sobre esa cruel amante, la LITERATURA

El buen libro (2º parte).

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En el artículo anterior nos quedó pendiente contestar a la siguiente pregunta: ¿qué es un buen libro? Procede ahora hacerlo.
Esta cuestión habría que enfocarla desde el punto de vista del crítico, del estudioso (como esos profes de literatura que salen en las películas americanas), del lector exigente, en definitiva, de quien vaya más allá de una buena historia bien contada para buscar otros parámetros. Me permito señalar algunos, sin carácter exhaustivo:
1º) Originalidad: la historia debe ser distinta, diferente, bien en su trama, en sus personajes, en sus situaciones, bien en el tema de fondo que toca. Un ejemplo de tema: escribir libros donde las drogas tenían una presencia importante, diría que el protagonismo, fue una novedad en los años sesenta (Huxley, Burroughs, entre otros). Hoy, después de muchos libros, ya no sorprende el tema en sí, aunque se siga utilizando para crear personajes o ambientes sórdidos. Un ejemplo de situaciones: “Metamorfosis”, de Kafka.
2º) Complejidad: lo más sencillo es contar una historia de forma cronológica, en tercera persona, con un hilo narrativo claro y concreto. Si se juega con el tiempo (regresiones, anticipaciones, digresiones), el autor asume el riesgo de perderse o de que el lector se pierda (en “Viaje a la semilla”, Carpentier construye una historia que retrocede). Jugar con los puntos de vista: varios personajes hablando en primera persona, por ejemplo, exige también un esfuerzo importante al propio autor para que no resulte mono tonal: requiere manejar distintos registros, con sus vocabularios, expresiones, ritmos, etc. para cada personaje (“Mientras agonizo”, de Faulkner). Si se utiliza un sistema de tramas de “caja china” (“El Aleph”, de Borges), en el que una trama alberga a otra y está a otra y así cuantas veces se quiera, el autor debe ser capaz de manejarlas todas a la vez y darles su tiempo y su espacio sin dejarlas colgadas.
3º) Creatividad: de vez en cuando aparece un autor que es capaz de plantear una forma distinta de contar las cosas. Por ejemplo, Rodolfo Walsh, en “Nota al pie” escribió un cuento en el que introducía notas a pie de página y luego resultaba que estas notas conformaban en sí un nuevo relato, paralelo al principal, que llega a ser más importante que éste. La creatividad puede quedarse en meros fuegos de artificio o aportar nuevas soluciones técnicas al reto de cómo contar una historia.
4º) Trascendencia: hay libros que son metáforas, incluso paradigmas de determinadas épocas o situaciones humanas y por ello se hacen un lugar en la memoria colectiva. Para resaltar esta metáfora suele utilizarse al personaje en contrapunto, es decir, el que “chirría” con los otros personajes o el que “va contra corriente”. Un ejemplo del primero es Don Quijote de la Mancha; desde su anacronismo y marginalidad, nos muestra la sociedad de su tiempo, amparándose en su locura para poder criticar sin que al autor le costase la libertad. En la misma línea, el personaje de “La conjura de los necios”. El segundo modelo es, por ejemplo, el protagonista de “1984” de Orwell. Son relatos que trascienden a su momento porque el autor ha tenido la capacidad de reflejar la sociedad y de profundizar en los problemas humanos, presentes o futuros.
5º) Accesibilidad: una obra “eterna”, aún siendo exigente para el lector, debe ser gratificante en su lectura. Cuando el autor ha querido lucirse creando una estructura muy compleja, utilizando una prosa farragosa, contando una historia abstracta, de tal suerte que el lector tiene que hacer un gran esfuerzo para seguir el relato, termina expulsándolo de las páginas. Ejemplo típico de esto es el “Ulises”, que sólo se puede leer con una gran disciplina y casi casi por prescripción facultativa.
En resumen, si una obra es original, goza de complejidad técnica, aporta creatividad, cuenta una historia trascendente y resulta accesible al gran público, estamos ante una obra maestra. Por eso hay tan pocas. Si tiene algunas de estas virtudes, pero no todas, estamos ante una gran obra. Y si sólo tiene alguna de las cuatro primeras, es un buen libro.
Por eso los best-seller difícilmente pueden alcanzar alguna de estas categorías. Salvo la accesibilidad, que es plena, suelen carecer de todas las virtudes señaladas.
Como esto no es una clase magistral, me encantará recibir tus comentarios.

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2 Comentarios

  1. Me encantó esta entrada, José Luis, describes muy bien las características que debe tener un libro. Ponés aquello que todos pensamos y tal vez no sabemos como decirlo. Gracias por la mención de los dos argentinos: Borges y Walsh. Rodolfo Walsh es uno de mis favoritos, por su literatura y por su compromiso social. Saludos

    • Gracias, Laura, me alegro de que te gustase. La literatura argentina cuenta con grandes figuras muy conocidas, pero también con otros excelentes escritores que no han llegado al gran público, como Walsh. Te envío en cordial saludo.

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