Jose luis abascal

Reflexiones de un escritor sobre esa cruel amante, la LITERATURA

De mayor quiero ser como tú.

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En días pasados rememoraba la figura de un mítico héroe de la lucha libre mexicana: El Santo, a quien admiré en mi infancia mexicana y tuve oportunidad de ver combatir en una velada celebrada en Acapulco. El Santo fue un ídolo dentro y fuera del ring, protagonista de películas (más de cincuenta) y de relatos escritos, símbolo de valores tales como la hidalguía, la fortaleza, la valentía y el misterio, siempre en defensa de los más débiles. Su enigma permitía soñar a cualquiera con ostentar su máscara plateada y hacer el bien de la forma más noble que se puede realizar: desde el anonimato.
Durante toda su vida El Santo mantuvo su secreto a buen recaudo, sin desvelar su identidad hasta poco tiempo antes de morir. Pero aún en el lecho mortuorio lucía su emblema. Cuando murió, y a pesar de que hacía algunos años que no combatía, una auténtica multitud, compuesta mayoritariamente por personas de condición humilde, le acompañaron en su último recorrido. Quienes le conocieron personalmente destacaron siempre sus virtudes como esposo, padre, profesional, amigo y ciudadano. Detrás de su máscara invencible había un ser humano capaz de simbolizar en la vida diaria, sin duda el más feroz de los combates, todos los valores que representaba en el cuadrilátero. La persona y el personaje se fundían así, desde sus diferentes identidades, en un solo héroe. ¿Quién no ha soñado alguna vez con alcanzar esta gloria?
En nuestras lecturas siempre nos identificamos con alguno de los personajes del relato. Normalmente con el protagonista, que suele además encarnar nuestros sueños o, al menos, generar nuestra empatía. Ya, con los años, con la realidad del mundo, solemos descartar a los grandes héroes para buscar en la literatura a seres comunes que afrontan una situación que, por extraordinaria, merece nuestra atención. Personajes que son como nosotros, que luchan por sobrevivir, por vencer las dificultades de la vida, por alcanzar el amor o el éxito.
Cuando un autor consigue mostrarnos a un protagonista dotado de naturalidad y merecedor de nuestra admiración, simpatía o compasión, nos insufla nuevas ansias de vivir, renovados deseos de continuar la aventura que es nuestra existencia, en la ilusión de que, quizás en algún momento, también nosotros merezcamos afrontar experiencias dignas de ser contadas y despertar en los demás los mismos sentimientos, alcanzando la categoría de personajes de novela.
Ese, tal vez, sea el secreto de la literatura.
¿Lo crees así?

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4 Comentarios

  1. Estimado Jose Luis, estoy totalmente de acuerdo, a lo mejor porque sueño despierta y demasiado pero quiero creer que algún día, mi vida sera como una novela con final feliz.
    Tu relato de “El Santo” me ha hecho sonreír porque soy incapaz de pegar a nadie y menos de pelear en un “ring” pero cuando estoy muy enfadada, es cierto que necesito coger un cojín y pegarle hasta la saciedad. Tendré alma de boxeador? El físico seguro.

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