Jose luis abascal

Reflexiones de un escritor sobre esa cruel amante, la LITERATURA

De críticos y preceptores.

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En su libro “Los dones de Atenea”, Joel Mokyr analiza los orígenes históricos de la economía del conocimiento. Es un libro técnico, escrito por un economista especializado en historia, muy útil para entender el concepto de “economía del conocimiento”, que algunos han presentado como la panacea para resolver nuestra crisis.
En el capítulo quinto analiza “el conocimiento, la salud y la familia” y, dentro de él, en su apartado “conocimiento, persuasión y comportamiento de las familias”, trata sobre la lucha contra las enfermedades en el siglo XIX. Explica los avances científicos en esta materia y, al mismo tiempo, cómo se transmitía a los ciudadanos la necesidad de la higiene como medio de combatir las enfermedades. Entre los métodos utilizados, me llamó poderosamente la atención lo que el autor denomina “la persuasión”. Ésta fue ejercida no solamente por las autoridades políticas y los científicos, sino también por asociaciones civiles de mujeres que procuraban enseñar a las madres cómo combatir la mortandad infantil y otras enfermedades a través de la higiene.
Cambiando de registro, recuerdo una conversación con el director de un taller literario, que me comentaba que, en la actualidad, las preceptoras de libros eran las vendedoras de las grandes superficies comerciales.
En ambos casos hay un denominador común: la influencia que ciertas personas ejercen sobre otras para persuadirles de adoptar ciertas conductas o de adquirir determinados productos.
En el ámbito literario, esta labor era ejercida por los críticos, personas que analizaban las obras y emitían un juicio sobre las mismas. De su prestigio personal dependía que los lectores se inclinaran o no a leer los libros que comentaban.
En la actualidad, la mayor parte de los críticos están adscritos a medios de comunicación que pertenecen a grupos en los que también se incluyen editoriales, lo que hace dudosa su independencia a la hora de emitir un juicio sobre una obra y, sobre todo, limita en muchos casos sus comentarios a textos publicados por la editorial del propio grupo, lo que convierte sus análisis en un instrumento publicitario más. Esto conlleva que no atiendan a nuevos autores que aún no han sido “acogidos” por dichas editoriales.
Pero la revolución generada por internet nos ha proporcionado otra vía para conocer nuevas obras y conocer autores nóveles: las redes sociales. Aquí han proliferado los blogs que comentan los libros que el autor o autora ha leído y en donde vierte sus opiniones al respecto. Estos blogs permiten transmitir información sobre las obras y compartir puntos de vista y comentarios con sus lectores, lo que es muy positivo.
Es verdad que, en la mayoría de los casos, más que un análisis técnico de la obra, se limitan a dar una opinión personal que se constriñe a si el libro en cuestión les ha gustado o no, sin mayor profundidad. Pero lo cierto es que hay muchas personas que se sienten inclinadas a seguir los consejos recogidos en atención a identificarse, en mayor o menor medida, con el gusto literario personal de quien escribe la reseña.
Siento que hay un hueco para que críticos independientes recuperen su espacio a través de esta nueva vía de comunicación, en donde aprovechen para instruir a los lectores y lectoras acerca de qué es lo que realmente aporta la obra analizada al mundo literario, sin frases pretensiosas y al margen de que hayan disfrutado o no del texto.
Para concluir, me gustaría saber cómo eliges las obras que lees y cuáles son las referencias en que te basas a la hora de decidirte por un autor o autora o por un título concreto.

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