Jose luis abascal

Reflexiones de un escritor sobre esa cruel amante, la LITERATURA

Bailando una novela.

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Decía Julio Cortázar que existen dos clases de escritores: los que componen música clásica y los que tocan jazz. Los primeros son los que estructuran su obra de la forma más completa posible antes de escribir, mediante sinopsis, esquemas, puntos de inflexión, fichas de los personajes, etc., mientras los segundos improvisan y desarrollan la obra a golpe de inspiración.
Esta analogía entre música y literatura no es infundada. Ambas modalidades artísticas comparten muchas más cosas de lo que pudiera parecer a simple vista. En ambos casos, el autor cuenta una historia. Usando las notas o las palabras, construyendo frases en ambos casos, nos transmite sus emociones y su forma de entender la vida.
La historia, narrada o instrumentada, comparte dos elementos básicos: el ritmo y el tono. En el caso de la música, a nadie escapa que el ritmo puede ser lento o rápido, con multitud de matices intermedios; el tono, mediante una nota dominante, llamada tónica, permite armonizar otras notas. En el caso de las partituras, se utiliza la denominación “clave” para establecer cuál es la nota que determina la entonación.
En cualquier texto literario ocurre igual. Si queremos que el ritmo sea rápido, utilizaremos frases cortas, unidas por puntos seguidos. Con ello conseguiremos que el lector no se atasque en la lectura y avance con rapidez en el desarrollo narrativo. Si, por el contrario, nos interesa ralentizar el ritmo (pues un buen texto tiene, al igual que una pieza musical, que disponer de cambios de ritmo), emplearemos frases subordinadas, pasajes descriptivos, etc.
Respecto al tono, todos sabemos que existen tragedias, dramas y comedias. La tragedia relaciona al sujeto con algo que no está a su alcance, que le supera, respecto de lo que no puede disponer por ser superior a él, como Dios, la naturaleza, lo sobrenatural o la locura. La tragedia provoca sufrimiento, físico y/o psicológico, y su solución escapa a la voluntad del individuo.
El drama es genuinamente humano. Relaciona al sujeto con otros de su misma especie en una trama en donde convergen acciones y emociones. Es, por tanto, un conflicto entre iguales, que puede resolverse en cualquier sentido. Genera el sufrimiento que resulta de la tensión emocional, de la empatía o identificación con quien padece la injusticia y del deseo de que el personaje salga victorioso.
La comedia es onírica; busca el divertimento a través de situaciones que se resuelven de forma ilógica, incluso absurda. Aquí es esencial que sea desenfadada y alegre en la exposición. Lo importante no es como se resuelve el conflicto, sino cada una de las tesituras a las que se somete al actor.
Para mi gusto, una buena narración tiene que contar con cambios de ritmo y de tono. De esta forma, el lector obtiene sensaciones distintas a lo largo del texto y su experiencia es más rica y placentera.

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4 Comentarios

  1. Acabo de descubrir tu blog , y me ha resultado interesante. Me ha gustado esta entrada, y comparto tu opinión sobre la música de los textos. Bien, gracias por compartirla y ánimo para continuar. Un saludo.

  2. Excelente post y muy bien «trenzado» al comparar literatura y música. Felicidades.

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